Ninguno de los cinco consejos de esta lista es malintencionado. Todos tienen una lógica que suena bien, y cuatro de ellos funcionan en algún caso. El problema es que se recomiendan a todo el mundo por igual, y en el caso concreto de un perro que lo pasa mal al quedarse solo, algunos hacen daño.
1 · «Cánsalo antes de salir»
La lógica: un perro agotado duerme, y un perro que duerme no sufre.
Por qué falla: porque lo que hay no es exceso de energía. Un perro que lo pasa mal al quedarse solo no está inquieto porque le sobren fuerzas: está inquieto porque su persona no está. Cansarlo cambia cuánto tarda en levantarse, no si se levanta.
Y hay un efecto secundario del que casi nadie habla: cuando la caminata larga se convierte en la señal de que te vas, un paseo estupendo empieza a producir tensión. Has fabricado una alarma nueva.
Qué sí: un paseo normal, el de siempre, a la hora de siempre.
2 · «Déjale la radio o la tele puesta»
La lógica: el ruido ambiente tapa los sonidos de fuera y hace que la casa parezca menos vacía.
Por qué falla a medias: para el ruido de la calle, ayuda algo. Para la ausencia, no hace nada. Una casa con la radio puesta y sin ti sigue siendo una casa sin ti.
El problema serio es otro: si solo la enciendes los días que sales, se convierte en el aviso. Hay perros que empiezan a jadear en cuanto suena el clic del mando.
Qué sí: si vas a usarlo, que esté puesto también cuando estás en casa. Que no signifique nada.

3 · «No le hagas caso al volver»
La lógica: si le das una bienvenida efusiva, refuerzas la emoción de la separación.
Por qué es la más discutida: esta viene de un consejo antiguo que se ha repetido hasta convertirse en dogma. La parte razonable es no montar una fiesta de cinco minutos al entrar. La parte problemática es la versión extrema, la de ignorar al perro durante veinte minutos mientras te sigue por la casa.
Para un perro que ya lo está pasando mal, esa versión añade una capa más de incertidumbre justo en el momento en que se está recuperando. No enseña calma: enseña que ni siquiera al volver hay una respuesta clara.
Qué sí: saluda con normalidad, sin escándalo y sin ignorarlo. Dos palabras y sigue con lo tuyo.
4 · «Cógete otro perro para que se acompañen»
La lógica: si el problema es la soledad, la compañía lo resuelve.
Por qué falla: porque en la mayoría de los casos el perro no echa de menos compañía en general: te echa de menos a ti. Meter otro perro en casa puede no cambiar nada, y hay algo peor: es bastante frecuente que el perro nuevo copie el patrón del que ya estaba.
Y hay una consideración que no es técnica pero importa: adoptar un segundo perro es una decisión de diez o quince años. Tomarla como remedio para un problema de conducta es una manera bastante mala de tomarla.
Qué sí: si quieres un segundo perro, tenlo porque lo quieres. Y resuelve lo del primero antes.
5 · Los collares antiladrido
La lógica: si el ladrido tiene consecuencia desagradable, el perro deja de ladrar.
Por qué es el peor de los cinco: porque funciona en el sentido literal y estropea las cosas en el sentido real. El ladrido baja, sí. Lo que lo producía sigue exactamente igual, y ahora además hay algo desagradable ocurriendo cada vez que el perro está en su peor momento.
Has quitado el indicador y has añadido tensión. Y de paso te has quedado sin la única señal que te decía cómo iba la cosa.
Con los ultrasónicos y los de vibración pasa lo mismo, con menos intensidad.
Qué sí: el ladrido es un síntoma. Se trabaja el umbral, y el ruido baja solo. Mientras tanto, si hay vecinos de por medio, la conversación con el vecino resuelve más que cualquier collar.

Lo que sí funciona, en dos líneas
Medir cuántos segundos aguanta tu perro antes de la primera señal, y practicar por debajo de ese número hasta que suba. No es espectacular y no da resultados en una semana, pero es lo único que cambia el fondo.
Un caso aparte
Nada de esta lista aplica si tu perro se hace daño al quedarse solo, si el problema apareció de golpe o si ha cambiado algo en su salud. En esos casos no hay consejo de internet que valga, incluido este artículo: toca veterinario, y si puede ser especializado en comportamiento.
Por dónde empezar
Antes de cambiar nada, mide. Veinte minutos de grabación te dicen más que cinco artículos como este.
Este artículo describe comportamiento, no da criterio sobre tu caso concreto. Si tu perro se hace daño al quedarse solo o su comportamiento ha cambiado de golpe, consulta con tu veterinario.


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